Tendencias demográficas en las regiones de la Unión Europea

29-01-2019

La Unión Europea ha experimentado un crecimiento sustancial de su población —de en torno a un cuarto en las cinco décadas y media transcurridas desde 1960— hasta alcanzar el nivel actual de más de 500 millones de habitantes. No obstante, en la actualidad esta población está aumentando demasiado despacio e incluso está previsto que a largo plazo se reduzca. Es probable que las cuestiones demográficas ejerzan un impacto considerable en la sociedad de la Unión. La mayoría de los modelos empleados para analizar las tendencias demográficas sugieren que, en los próximos años, la población de la Unión seguirá envejeciendo como consecuencia de unos niveles de fertilidad sistemáticamente bajos y el aumento de la longevidad. Si bien la inmigración puede desempeñar un papel importante en las dinámicas de la población de numerosos Estados miembros de la Unión, es improbable que pueda revertir la tendencia actual de envejecimiento de la población. La evolución demográfica tiene diversas implicaciones para las regiones europeas. Algunas de ellas, especialmente las rurales y aisladas, están experimentando un considerable descenso del número de habitantes. Esta situación puede exacerbar el declive económico al que ya se enfrentan dichas regiones y aumentar de este modo la brecha entre regiones ricas y pobres. Así pues, la demografía también afecta gravemente a la cohesión social, económica y territorial de la Unión. Por otro lado, la elevada concentración de población en los centros urbanos también trae consigo algunas consecuencias negativas, como la contaminación y la falta de una vivienda asequible. Las tendencias migratorias recientes han mejorado el equilibrio demográfico en varias regiones de la Unión; dicho esto, la inmigración afecta a las regiones de la Unión de manera desigual. Los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos se emplean principalmente para impulsar el crecimiento económico en las regiones europeas, pero pueden servir asimismo, combinándolos con otros fondos de la Unión, para atajar problemas derivados de los retos demográficos. La Unión también utiliza una serie de instrumentos para abordar las cuestiones relacionadas con la inmigración en sus territorios más afectados por este fenómeno.

La Unión Europea ha experimentado un crecimiento sustancial de su población —de en torno a un cuarto en las cinco décadas y media transcurridas desde 1960— hasta alcanzar el nivel actual de más de 500 millones de habitantes. No obstante, en la actualidad esta población está aumentando demasiado despacio e incluso está previsto que a largo plazo se reduzca. Es probable que las cuestiones demográficas ejerzan un impacto considerable en la sociedad de la Unión. La mayoría de los modelos empleados para analizar las tendencias demográficas sugieren que, en los próximos años, la población de la Unión seguirá envejeciendo como consecuencia de unos niveles de fertilidad sistemáticamente bajos y el aumento de la longevidad. Si bien la inmigración puede desempeñar un papel importante en las dinámicas de la población de numerosos Estados miembros de la Unión, es improbable que pueda revertir la tendencia actual de envejecimiento de la población. La evolución demográfica tiene diversas implicaciones para las regiones europeas. Algunas de ellas, especialmente las rurales y aisladas, están experimentando un considerable descenso del número de habitantes. Esta situación puede exacerbar el declive económico al que ya se enfrentan dichas regiones y aumentar de este modo la brecha entre regiones ricas y pobres. Así pues, la demografía también afecta gravemente a la cohesión social, económica y territorial de la Unión. Por otro lado, la elevada concentración de población en los centros urbanos también trae consigo algunas consecuencias negativas, como la contaminación y la falta de una vivienda asequible. Las tendencias migratorias recientes han mejorado el equilibrio demográfico en varias regiones de la Unión; dicho esto, la inmigración afecta a las regiones de la Unión de manera desigual. Los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos se emplean principalmente para impulsar el crecimiento económico en las regiones europeas, pero pueden servir asimismo, combinándolos con otros fondos de la Unión, para atajar problemas derivados de los retos demográficos. La Unión también utiliza una serie de instrumentos para abordar las cuestiones relacionadas con la inmigración en sus territorios más afectados por este fenómeno.